Bio

Se que tendría que ser muy sintética y puntual, para no perder la atención de quien lee, y llegar a más gente desconocida posible, pero no veo otra forma de presentarme que la de contar mi historia… 

Uno de mis maestros, Enrique Vargas, me enseñó que somos la historia que nos contamos…  entonces…

Hay muchos amores que elegimos, otros que nos eligen.. en mi caso el teatro me eligió a mi..

Había un tiempo, alrededor de mis 18 años, cuando descubrí Alejandro Jodorowsky y la creación simbólica de la realidad, en que en todos lugares, a todas horas, me hablaban de teatro. Literalmente en cualquier sitio, tomando un café, haciendo la compra, limpiando los platos al trabajo, saliendo con mis compañeros de universidad la noche..

Fue en este momento que mi grande amor, humano, me dejó. Al lugar de quedarme a mirar una pared vacía, tomé la decisión de ir a conocer este famoso teatro, y con mi mochila tomé un tren por Pennabilli, dónde una amiga me había contado que había un festival de arte de calle maravilloso… 

Así fui, y efectivamente me enamoré… La música, la presencia escénica, el ritual compartido, la trasmisión de la vida a una marioneta, la sonrisa sincera del público.. me atrapó…

Seguí leyendo Jodorowsky y sorprendiéndome de cómo la sincronicidad era tan puntual, puse a prueba la vida.. cuando el protagonista del libro encontraba el teatro en mi lectura, yo bajaba el libro y veía la mujer sentada enfrente mío en el tren reír, y esperarse mi pregunta…:

Tu, haces teatro?

Claramente si…

Está mujer era Patrizia Menichelli, directora artística del Teatro de los Sentidos, y el proceso que iba a empezar era sobre la transformación alchemica de la uva en vino a través de la fermentación y la poesía..

Quería ir.. el taller del que me hablaba duraba un mes, y valía 800 euros… 

Yo tenia 5 eros, y nada más. Los saqué de mi bolsillo y los puse en la mesita del tren, con tando de choque, y diciéndole a Patrizia.. esto es todo lo que tengo..! 

Ella sonrió, sintió que estaba pasando algo importante, y me invitó a ir al taller en Montalcino igualmente, con un saco para dormir… 

Y allí llegué.. y en la oscuridad absoluta esta voz tan familiar, la voz de Patricia me invitaba a entrar, dejar mis cosas y escuchar la memoria de un lugar que no conocía, pero que sentía tan cerca… Que se reveló ser el teatro!

Allí comprendí que lo que llevaba haciendo toda la vida era teatro, solo que desconocía su nombre…

Desde ese momento no paré nunca mi camino con él. 

Tuve la suerte, encuentro detrás de encuentro, de aprender la técnica de la dirección, la dramaturgia y la composición por maestros que en el camino me ofrecieron trabajo como asistente a la dirección. Entre ellos, por primero Leonardo Capuano, con el que trabajo desde hace más de 10 años, Luisa Pasello – que asistí artísticamente en los últimos años de su vida- así como Umberto Franchini, Andrea Virgilio Franceschi, Michelangelo Ricci, Elena Guerrini y muchos más..

Fue a la edad de 19 años, que justo con Elena Guerrini estábamos trabajando la creación de Bella Tutta, cuando el director que asistía, Andrea Virgilio Franceschi, que también estaba haciendo las luces de la obra, se rompió una mano en tournée.. tenía que hacer yo las luces si o si.. 

Y descubrí otra gran pasión.. esculpir la oscuridad..! ¡Iluminar!

También me había dado cuenta de la diferencia entre une directore que sabe de luz y de técnica y uno que no sabe.. y me interesaba mucho más el trabajo de quien sabía.. así aprendí también a hacer las luces, trabajando con los mejores iluminadores italianos, y aprendiendo la maestría directamente en campo..

Y es así que desde hace 15 años, entre mis trabajos de dirección y light designer, vivo con el teatro, y el teatro vive conmigo!

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